La nueva fuente de agua para la minería podría estar dentro de las propias faenas

Tecnologías de tratamiento permiten recuperar aguas de relaves, drenajes, purgas y otros procesos para reincorporarlas a la operación, abriendo una alternativa para reducir la necesidad de agua adicional.

Una nueva fuente hídrica comienza a ganar espacio dentro de las propias faenas mineras. Aguas provenientes de relaves, drenajes, purgas y otros procesos, antes difíciles de reutilizar por su contenido de sales, sulfatos, sólidos o metales, pueden ser tratadas y reincorporadas a determinadas etapas de la operación.

La tendencia surge mientras la minería chilena avanza hacia un mayor uso de agua de mar para disminuir su dependencia de fuentes continentales.

Según las proyecciones de Cochilco citadas en el documento, el agua de mar pasará de representar alrededor del 41% del consumo de la minería del cobre a cerca de dos tercios hacia 2034. Aproximadamente el 75% de ese suministro proveniente del océano correspondería a agua desalinizada.

Pero producir agua en la costa resuelve solo una parte del desafío.

Agua cuesta arriba

En numerosas operaciones del norte de Chile, el agua debe recorrer cientos de kilómetros desde la costa y ser impulsada hasta faenas ubicadas a gran altura, proceso que requiere infraestructura y energía.

Quebrada Blanca, de Teck, permite dimensionar esa complejidad. Su planta desaladora puede producir aproximadamente 1.300 litros por segundo, que luego son transportados mediante estaciones de bombeo y un acueducto de cerca de 164 kilómetros hasta la operación.

La faena está ubicada a más de 4.000 metros de altura.

“En Quebrada Blanca desalamos agua de mar en la costa y debemos transportarla hasta una operación ubicada a más de 4.000 metros de altura. Eso requiere infraestructura, energía, tecnología y una operación altamente confiable”, explicó Mario Ortiz, gerente general de Teck Quebrada Blanca.

“Por eso el desafío no termina con desalar agua. Debemos seguir avanzando en recuperación, recirculación y eficiencia para utilizar cada vez mejor el recurso”, agregó.

Agua desde relaves

En paralelo al desarrollo de fuentes externas, nuevas tecnologías están permitiendo recuperar corrientes de agua que ya existen dentro de las faenas.

Entre ellas aparecen las aguas provenientes del espesamiento, sistemas de relaves, drenajes, purgas de enfriamiento y aguas servidas de campamentos.

El desafío está en tratar estas corrientes hasta alcanzar las condiciones necesarias para reincorporarlas a determinados procesos.

“Vemos una oportunidad concreta en las corrientes descartadas por su carga de sales, sulfatos, sólidos o metales, como las aguas recuperadas del espesamiento, sistemas de relaves, drenajes, purgas de enfriamiento y aguas servidas de campamentos”, afirmó Valentina Varela, gerente comercial de VOENS.

Según explicó, las aguas salobres descartadas y aquellas recuperadas desde relaves presentan una oportunidad debido a sus volúmenes grandes y constantes.

“Recuperar una fracción de ellas impacta significativamente el balance hídrico”, sostuvo.

56 litros por segundo

La aplicación de estas tecnologías ya muestra resultados concretos.

VOENS logró recuperar 56 litros por segundo en una faena minera mediante el uso de medios filtrantes de alta eficiencia y oxidación avanzada.

El proceso permitió transformar una corriente que anteriormente era descartada en una fuente de agua utilizable dentro de la operación.

Otro ejemplo mencionado en el documento corresponde a Salares Norte, de Gold Fields. La operación utiliza un depósito de relaves filtrados que permite recuperar parte importante del agua y favorecer su recirculación hacia la planta de tratamiento.

Estos casos muestran cómo la gestión hídrica comienza a desplazarse desde una lógica centrada exclusivamente en conseguir nuevas fuentes hacia otra que también busca aprovechar mejor el recurso disponible dentro de cada faena.

Eficiencia hídrica

La recuperación de aguas internas también abre una discusión sobre los requerimientos de energía e infraestructura asociados al abastecimiento minero.

Cada litro que puede ser tratado y reincorporado al proceso reduce la necesidad de obtener agua adicional y puede evitar parte de los requerimientos asociados a transportarla desde largas distancias.

Esto cobra especial relevancia en el norte de Chile, donde la expansión del agua de mar implica desarrollar desaladoras, sistemas de impulsión y extensos acueductos para abastecer operaciones ubicadas lejos de la costa y a grandes alturas.

La nueva frontera hídrica de la minería podría estar, por tanto, en combinar ambas estrategias: incorporar nuevas fuentes cuando sean necesarias y aumentar la recuperación, tratamiento y recirculación del agua que ya circula dentro de las operaciones.

El desafío comienza a cambiar de pregunta: no solo cuánto más recurso puede producir la minería, sino cuánto del agua que ya utiliza puede volver a aprovechar antes de requerir una nueva fuente.

Detalles clave

  • Proyección: el agua de mar podría representar cerca de dos tercios del consumo de agua de la minería del cobre hacia 2034.
  • Agua desalinizada: correspondería aproximadamente al 75% del suministro minero proveniente del océano.
  • Fuentes recuperables: relaves, espesamiento, drenajes, purgas de enfriamiento y aguas servidas de campamentos.
  • Caso VOENS: recuperación de 56 litros por segundo en una faena minera.
  • Quebrada Blanca: desaladora con capacidad aproximada de 1.300 litros por segundo.
  • Transporte en Quebrada Blanca: acueducto de cerca de 164 kilómetros.
  • Altura de la operación: más de 4.000 metros.
  • Salares Norte: utiliza relaves filtrados para favorecer la recuperación y recirculación de agua.

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