La estatal firmó un acuerdo con la Universidad de Chile y la UC para crear un Instituto de Minería Compleja. La decisión responde al aumento de los riesgos geológicos, operacionales y ambientales que enfrenta la minería masiva profunda en Chile.
La minería chilena está entrando en una etapa más difícil, más costosa y más riesgosa. Ese es el trasfondo del acuerdo que firmó Codelco junto a la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica para crear el Instituto de Minería Compleja, una entidad enfocada en desarrollar soluciones tecnológicas avanzadas para los desafíos críticos de la minería subterránea masiva.
Más que un convenio académico, la iniciativa revela una preocupación estratégica de la estatal: mantener la viabilidad productiva de sus yacimientos en un escenario donde el cobre se encuentra cada vez más profundo, con mayores riesgos operacionales y crecientes exigencias ambientales y sociales.
Actualmente, más del 30% de la producción de Codelco proviene de minería subterránea, porcentaje que seguirá aumentando en las próximas décadas a medida que grandes rajos abiertos se agoten y migren hacia explotación subterránea.
Ese tránsito no es menor. Implica operar en condiciones mucho más complejas que las históricas faenas a cielo abierto.
Cambio estructural
La minería profunda enfrenta un conjunto de “dolores” técnicos y operacionales que hoy representan uno de los principales desafíos de la industria minera global.
A mayor profundidad, aumenta la presión de roca, las temperaturas subterráneas y el riesgo de eventos geomecánicos, como derrumbes o estallidos de roca. También se vuelve más difícil ventilar las minas, mover material y garantizar seguridad para los trabajadores.
En paralelo, las leyes minerales han disminuido. Eso significa que se necesita mover más roca para producir la misma cantidad de cobre, elevando costos energéticos, consumo de agua y exigencias de productividad.
Codelco enfrenta varios de esos desafíos simultáneamente en divisiones estructurales como El Teniente, Chuquicamata Subterránea y los futuros desarrollos profundos de Andina y El Salvador.
El convenio firmado apunta justamente a resolver parte de esas brechas mediante investigación aplicada y desarrollo tecnológico de largo plazo.
La creación del Instituto de Minería Compleja muestra cómo la minería chilena comienza a asumir que el futuro del cobre dependerá cada vez menos del tamaño de los yacimientos y más de la capacidad tecnológica para operar en condiciones extremas.
Tecnología de frontera
El concepto de “soluciones tecnológicas de frontera” que aparece en el acuerdo se refiere al uso de tecnologías avanzadas que todavía están en etapas de desarrollo o adopción temprana en minería.
Entre ellas destacan:
- Inteligencia artificial para anticipar fallas geotécnicas
- Sistemas autónomos y robotización
- Sensores en tiempo real
- Gemelos digitales de minas
- Modelamiento geomecánico avanzado
- Analítica predictiva
- Automatización remota en zonas de alto riesgo
La meta es reducir exposición humana, mejorar productividad y anticipar eventos críticos antes de que ocurran.
Uno de los focos más relevantes del futuro instituto será precisamente la mecanización y automatización en zonas de riesgo, además del uso de datos e inteligencia artificial aplicada a operaciones mineras.
Competencia global
El acuerdo también refleja una presión internacional creciente.
Países mineros como Australia, Canadá y Suecia llevan años desarrollando centros tecnológicos especializados en minería subterránea automatizada, con fuerte integración entre universidades, industria y startups tecnológicas.
Chile, pese a liderar la producción mundial de cobre, ha mostrado históricamente menor capacidad para transformar conocimiento minero en tecnologías exportables.
El nuevo instituto busca cerrar parte de esa brecha y posicionar al país no solo como productor de minerales, sino también como desarrollador de soluciones tecnológicas para minería compleja.
Máximo Pacheco, presidente del directorio de Codelco, reconoció esa dimensión estratégica al señalar que la industria global necesita soluciones que aún no existen y que Chile puede desarrollarlas desde sus universidades y capacidades locales.
Negocio y supervivencia
La apuesta también tiene una dimensión económica.
Los grandes proyectos estructurales de Codelco han enfrentado sobrecostos, retrasos y mayores complejidades técnicas durante los últimos años. Chuquicamata Subterránea es uno de los casos más emblemáticos.
En ese contexto, desarrollar capacidades propias de innovación aparece como una necesidad operacional y financiera.
La estatal plantea que el instituto tendrá capacidad para ejecutar proyectos de alta complejidad con horizontes de entre 10 y 20 años, además de generar negocios y empresas de base tecnológica ligadas a la minería.
Eso permitiría no solo resolver problemas internos, sino también crear tecnologías exportables hacia otros mercados mineros.
Capital humano
Otro de los “dolores” de la industria es la falta de especialistas para minería profunda avanzada.
El convenio contempla programas de formación doctoral, posgrados, pasantías industriales y atracción de investigadores internacionales.
La minería subterránea automatizada requiere perfiles distintos a los tradicionales: expertos en ciencia de datos, automatización, robótica, geomecánica avanzada e inteligencia artificial aplicada.
Para Codelco, asegurar ese capital humano se vuelve clave en un contexto donde la transformación tecnológica avanza rápidamente.






