La megaobra hídrica para las Operaciones Norte, que presenta un 96% de avance tras superar complejos desafíos técnicos, geográficos y logísticos; contará con una capacidad inicial de 840 l/s y potencial de casi 2.000 l/s, tras una inversión estimada de US$1.000 millones.
La planta desaladora impulsada por Codelco para abastecer sus Operaciones Norte alcanzó un 96% de avance en su construcción y ya inició sus pruebas de puesta en marcha, marcando un hito clave en una de las mayores infraestructuras hídricas del país. La iniciativa, desarrollada por Aguas Horizonte y ejecutada por Techint Ingeniería y Construcción, se perfila como una solución estructural frente a la escasez hídrica en la minería del norte, con una inversión estimada que bordea los US$1.000 millones.
Uno de los hitos más relevantes ha sido el primer paso de agua a través de los sistemas de ósmosis inversa, lo que da inicio al proceso de pruebas operacionales bajo estándares exigentes de calidad y seguridad. Este avance se suma a la energización de subestaciones eléctricas y al inicio del comisionamiento de estaciones de bombeo, consolidando el tránsito desde la fase constructiva hacia la operación.
Especificaciones técnicas
El proyecto contempla un sistema de impulsión de más de 160 kilómetros que transportará agua desalada desde la costa de Tocopilla hasta la cordillera, superando un desnivel cercano a los 3.000 metros. Esta infraestructura permitirá abastecer divisiones clave como Radomiro Tomic, Chuquicamata y Ministro Hales, atravesando comunas como Tocopilla, María Elena y Calama.
En términos de capacidad, la planta iniciará su operación con una producción de 840 litros por segundo, con posibilidades de expansión hasta casi 2.000 l/s, lo que la posiciona como un eje estratégico para asegurar el suministro hídrico en la gran minería. Este crecimiento proyectado responde a la creciente demanda de agua desalada en el sector.
Desde el punto de vista técnico, la obra ha debido superar desafíos de gran complejidad. Entre ellos destaca el ensamblaje y traslado de tuberías submarinas de hasta 560 metros de longitud y 1.000 toneladas, remolcadas por más de 120 kilómetros, así como la perforación subterránea bajo el río Loa, que alcanzó más de un kilómetro de extensión y 65 metros de profundidad.
Otro avance relevante ha sido la validación del acueducto principal mediante pruebas hidráulicas, que certificaron la integridad de sus más de 160 kilómetros de tuberías. Para ello, el sistema fue dividido en tramos que requirieron cerca de 1.000 viajes de camiones cisterna, evidenciando la magnitud logística de la iniciativa.
La infraestructura también incluye un reservorio de 250.000 metros cúbicos (equivalente a unas 100 piscinas olímpicas) ubicado a más de 3.000 metros de altura, que permitirá regular el suministro hacia las faenas mineras y asegurar continuidad operacional. Actualmente, esta instalación se encuentra en su fase final de pruebas.
Junto con su impacto técnico, el proyecto ha generado un fuerte impulso en el empleo de la región de Antofagasta, alcanzando un peak de 7.800 trabajadores y un promedio de 4.500 personas en terreno. En paralelo, desde la industria destacan que la desalación se consolida como una tecnología indispensable para el futuro de la minería, proyectándose que más del 70% de la demanda hídrica del sector será cubierta mediante esta fuente en los próximos años.






